Financial Reporting

   March 12, 2008   

Los impuestos y la información financiera: una relación tortuosa

La penúltima línea de la cuenta de resultados, aquella que se refiere al impuesto sobre el beneficio, tiene un impacto importante en la elaboración de toda la información financiera. Las empresas tienen que compartir una parte de su resultado, pero ¿qué resultado?

En principio, el beneficio contable es una mera resta entre ingresos y gastos, calculados éstos con principios contables. Sin embargo, aquél es sólo el punto de partida del beneficio fiscal. Y en todo ello hay una asimetría importante: el beneficio contable no tiene porque traducirse en flujo de caja, sin embargo, los impuestos se pagan, es decir suponen salida de caja.

Los impuestos tienen, entre otras características, la oportunidad de alterar determinados comportamientos. Por ejemplo, un gobierno puede decidir gravar determinado consumo con el fin de rebajarlo. Y, al contrario, puede estimular inversiones o consumos con rebajas de impuestos. En el caso de la información financiera, las normas que detallan el cálculo del impuesto sobre el beneficio alteran, no ya el comportamiento real de la empresa, si no la manera en que se presenta la información.

En general, podríamos decir que Hacienda no se molesta demasiado con aquellos gastos que las empresas reconocen y que les suponen cierto "dolor", esto es, aquellos que suponen o supondrán una salida de caja. En esos casos, el gasto contable suele ser un gasto fiscalmente deducible que rebaja la base imponible del impuesto de sociedades.

Pero hay dos tipos de gasto, especialmente, que a Hacienda no le gustan. Me refiero a las amortizaciones y a las provisiones. Son gastos que tienen dos características: 1º) no suponen salida de caja, 2º) se basa en estimaciones sobre la vida útil (amortización) o sobre desembolso futuros (provisiones). Ante este tipo de gastos el impuesto establece sus cautelas. Así, se establecen unos límites a las cantidades que son deducibles de impuestos.

En el caso de las amortizaciones, son conocidas las famosas “tablas de Hacienda”, un ejemplo de hasta dónde puede llegar la planificación del Estado. Esas tablas establecen un rango de vida útil “fiscal”. Numerosísimas empresas, calculan la amortización contable a partir de la amortización fiscal, y no al revés. El ejemplo de hasta dónde ha llegado la contaminación de la contabilidad por parte del impuesto, lo encuentro regularmente en las clases al explicar la amortización contable, que una gran parte de los alumnos entienden supeditada a la amortización fiscal.

Otro ejemplo de esa relación tortuosa es lo ocurrido con el fondo de comercio en la nueva legislación en España. A partir de la entrada en vigor del NPGC, el fondo de comercio no se amortizará si no que será sometido a una prueba de deterioro. No obstante, se va a permitir deducirse fiscalmente el 5% siempre que se haya dotado una reserva indisponible. En conclusión, el fondo de comercio contablemente no se amortiza, pero fiscalmente sí, pero para ello hay que alterar la información financiera que se elabora.

El problema no es que Hacienda utilice el beneficio contable como base del impuesto. El problema está en que este hecho altera de manera sustancial el cálculo del beneficio contable. En el colectivo de pequeñas y medianas empresas abundan las que consideran que el único fin de la información financiera es lograr reflejar un resultado que permita pagar menos impuestos. El comportamiento es lógico, pero altera, por completo, el objetivo para el que fue concebida la información financiera.


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Posted on 12 March 2008

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