Financial Reporting

   February 13, 2008   

Merlin el contable

Si hay un mago famoso ese es Merlín, un personaje ligado con el rey Arturo y su mesa redonda, la espada Excalibur y el castillo Camelot. A Merlín se le atribuían poderes mágicos de toda índole. No hay constancia que Merlín llevara la contabilidad en Camelot, pero seguro que no le faltaban competencias para ello. En tal caso, quizá habría pasado a la historia como Merlín el contable.

Viene esta entradilla a colación de una noticia que leí hace unos meses, en la que se mencionaba el hallazgo en la Universidad de Bolonia del libro De viribus quantitatis, que se reconoce como el primer libro de magia moderno. ¿Su autor? El monje franciscano Luca Pacioli, a quien, entre otras cosas, se le atribuye la famosa partida doble contable. Un mismo autor para la partida doble y para el primer texto sobre magia moderno ¿Coincidencia?

Seguramente Pacioli no imagino en aquellos días, finalizando el siglo XV, que cinco siglos más tarde alguna información financiera iba a estar más cerca de la magia que de la partida doble. La magia crea ilusión y de hecho a los magos también se les denomina ilusionistas.

Leo en CFO.com que la SEC ha impuesto recientemente una multa a Bartholomew Palmisano, antiguo CFO de OCA, de 100.000 dólares por haberse inventado 71 millones de dólares de ingresos entre 1998 y 2001. En tan sólo 18 anotaciones consiguió crear 71 millones de dólares que permitieron llegar a tener un BPA que cumplía el consenso del mercado. Esta práctica fue descubierta ¡¡4 años más tarde!! en mayo de 2005. La manera de crear los ingresos cumplían la partida doble: aumentaba los ingresos y aumentaba cuentas de activo fijo material o inmaterial.

Palmisano, desde luego fue un Merllín contable, ya que creo una ilusión en el mercado, si bien podía haber advertido, como hacen los magos, que todo era fruto de la imaginación y que, en definitiva, estaba cometiendo un fraude.

Sin embargo, en la información financiera, sin entrar en fraude, hay diferentes interpretaciones de una misma realidad.

En un post de Alvaro Adrados, Fondo de comercio vs Paulina Rubio, se hacía mención a la contabilización del fondo de comercio de acuerdo a la normativa IASB por el cual desaparece la amortización sistemática y aparece la valoración anual del deterioro (impairment test). Este hecho da una evidente discrecionalidad a la hora de reflejar o no un gasto (y el complementario en el balance con el activo). La evaluación del deterioro es un caso claro de que puede haber diferente resultado en función de quién y cómo valora.

Hay otros ejemplos donde la interpretación es amplia: las vidas útiles de los activos y los deterioros de los mismos, la valoración de una contingencia futura (pensiones, garantías, etc), los métodos de valoración de stocks, el reconocimiento de ingresos, por citar algunos, son campos sujetos a la interpretación que permiten llegar a resultados diferentes. El problema puede estribar más en las causas que provocan que exista una u otra interpretación y, por tanto, contabilización.

Pero en algunos casos, ha llegado a ocurrir que Merlín es el propio regulador, quien en vez de utilizar poderes mágicos, utiliza el BOE. En España hubo un caso famoso hace años, cuando con la devaluación de la peseta tras los fastos de 1992, se aprobaron ordenes ministeriales que permitían a “entes de radiodifusión” (¿adivinan cual?) “compañías de aerotransporte” (¿compañías de aerotransporte en España en el año 1993….?) al sector eléctrico (aquí es muy sencillo, entraron todas las empresas electricas) y a otras empresas reguladas, reconocer las diferencias de cambio en moneda extranjera originadas por las elevadas deudas en dólares, como un “gasto a distribuir en varios ejercicios” difiriendo el reconocimiento del gasto. Esto sí que era magia y además oficial.

Si Pacioli levantara la cabeza…


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Posted on 13 February 2008

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