Financial Reporting

   February 29, 2008   

La tentación vive arriba

El título español de la película The seven year itch (1955) de Billy Wilder protagonizada por Marilyn Monroe, puede aplicarse a la relación que el beneficio tiene con los ingresos y gastos en la cuenta de resultados. El beneficio puede alterarse, como Richard (Tom Ewell) en la película, por la aparición de unos ingresos y gastos (Marilyn Monroe) que viven unas líneas más arriba en la cuenta de resultados.

Hoy tenemos un caso que es de libro. La SEC acaba de presentar sus cargos contra Bally Total Fitness, una cadena de gimnasios y centros de fitness en USA. En su escrito, la SEC denuncia que desde 1997 hasta 2003 la empresa cometió más de 24 tipos de irregularidades contables. Se trataba, básicamente, de adelantar ingresos y diferir gastos para alterar las cifras de beneficio. De esta forma, en 2001, se había sobrevalorado el equity en más de 1.800 millones de dólares.

Merece la pena leerse el escrito, sobre todo para aquellas personas que piensan que este tema de la información financiera y el cálculo del beneficio está más que resuelto. En el escrito se hace un repaso de las formas en que adelantaron ingresos que, básicamente, consistieron en reconocer adelantadamente como ingreso las cuotas de inscripción. Los US GAAP obligan a estimar el tiempo en que la persona será miembro del centro e ir reconociendo el ingreso en función de dicha estimación.

Respecto a los gastos, Bally difirió entre 1997 y 2003 el 100% del coste de su fuerza de ventas, cuando era un gasto del ejercicio. Una práctica similar la utilizó con el coste de publicidad, que activó en vez de reconocerlo como gasto.

Otro ejemplo mencionado fue con el fondo de comercio generado por la adquisición de otras empresas. Cuando hay un pago por encima del valor contable, lo primero que hay que hacer es identificar si parte de ese exceso es imputable a activos individuales. Bally no lo hizo y aumentó la cuenta de fondo de comercio en su activo. Posteriormente Bally infravaloró las amortizaciones del fondo de comercio y, cuando en 2001 cambio la norma que obligaba a calcular el deterioro del fondo de comercio y no amortizar, la empresa también infravaloró el deterioro.

El resumen es que durante años Bally reconoció beneficios por encima de los que contablemente debió reconocer. Uno puede pensar que adelantar ingresos y diferir gastos es un juego de suma cero. Me explico, los ingresos que reconoces hoy, no los reconoces mañana. Y lo mismo, pero a la inversa, con los gastos: los no reconocidos hoy serán reconocidos mañana.

El problema está en que en una empresa en funcionamiento ese juego supone que siempre existe un desfase que suele ser creciente, de tal forma que, en el caso de Bally, en el año 2001, esos ingresos sobrevalorados y los gastos infravalorados habían llevado a una situación de reconocimiento de un equity que no existía. Los beneficios acumulados, pero no realmente generados, habían hecho sobrevalorar el equity en 1.800 millones de dólares: tenía contabilizados 513 millones de dólares de beneficio retenido cuando en realidad, de acuerdo con los US GAAP, las pérdidas acumuladas eran de 1.300 millones de dólares.

Afortunadamente, un ejemplo como el de Bally, por lo extenso de sus prácticas irregulares, no es habitual. No obstante, pone de manifiesto una realidad que acecha a numerosas empresas cotizadas sometidas al escrutinio periódico: la tentación de alterar contablemente la cuenta de resultados con el fin de alcanzar las previsiones establecidas. Por muchas normas contables existentes la tentación siempre existirá. La única solución es tener un compromiso ético con la información financiera publicada.

Por cierto, se me olvidaba, en el caso de Bally sucumbir a la tentación le llevó a la quiebra en 2007.


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Posted on 29 February 2008

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