Financial Reporting

   February 07, 2008   

La ética en los negocios

Participando hace unos días en unos Talleres en el IE, surgió la clásica pregunta de ¿quién es el CLIENTE (con mayúsculas) en un MBA? ¿El alumno que paga el curso? ¿La empresa que en su caso envía al alumno a realizar el Master? Si el cliente fuese el alumno y, ya que el cliente siempre tiene razón, entraríamos de lleno en lo que el ponente denominó la “prostitución del profesor” o la “dictadura del alumno”.

El objetivo del profesor y, lógicamente del Instituto de Empresa, no es que el alumno disfrute, lo pase bien y no sufra demasiado, sino el de que adquiera una amplia gama de conocimientos y de herramientas que le ayuden, a lo largo de su carrera profesional, a ser un buen directivo. Cada vez estoy más convencido que debe ser el claustro de profesores de las escuelas de negocios los encargados de trasmitir el conocimiento, la ética y los valores que las etapas de la escuela o de la universidad no han logrado transmitir ya que, al final, es la sociedad nuestro verdadero cliente.

Llevando la misma pregunta al sector de la auditoria, ¿quién es el cliente de una compañía auditora? Parece lógico pensar que es la empresa ya que es la que contrata y paga los servicios de auditoria. Pero, qué debe primar dentro de los valores de las compañías auditoras, ¿la cuenta de resultados o la ética? Existe una lucha interna entre cumplir con los objetivos de la cuenta de resultados o realizar un trabajo “honesto” que refleje la realidad o imagen fiel de una compañía “le pese a quien le pese”. Decía Barbara Toffler en su libro titulado Final accounting: ambition, greed and the fall of Arthur Andersen: “Andersen es una empresa que fue pasando poco a poco de tener una sólida cultura ética a tener una pronunciada cultura poco ética. La desaparición total de la empresa es una prueba irrefutable de los resultados potenciales que trajo consigo dicha transformación”. Nuevamente y, al igual que en las escuelas de negocios, el cliente final es la sociedad. De la confianza que tenga la sociedad en las compañías auditoras dependerá la continuidad de éstas.

En el ámbito de la empresa, una de las principales manifestaciones de ética, es la de suministrar información veraz, suficiente y de calidad sobre la situación económico-financiera y sobre los resultados de la empresa. Sin embargo, esta exigencia no siempre se cumple. Tanto la manipulación, el falseamiento o la ocultación de la información contable como el uso creativo de las normas contables, generan una fuerte desconfianza por parte de los usuarios, sean estos clientes, accionistas, analistas,… que les impedirá una correcta toma de decisiones. La perfecta conjunción y colaboración que debe existir entre los directores de una empresa, que son los responsables de elaborar los datos, el Consejo de Administración que debe aprobarlos y los auditores externos que son los que finalmente deberán verificarlos, es el único camino que puede asegurarnos una información veraz, todo ello a través de un compromiso ético empresarial en todos sus niveles.

Ya dijo el filósofo francés Francois de La Rochefoucauld allá por el año 1663, “ganaríamos más mostrándonos como somos, que intentando parecer distintos a como somos en realidad”. A pesar del tiempo pasado, qué difícil sigue siendo cumplir con esta máxima.


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Posted on 7 February 2008

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