En ese recorrido hay que conocer algunas normas para no perderse o dejarse engañar. Reconocer unas u otras cifras de ingresos y gastos, en función de determinadas políticas contables, hacen que la cifra final de beneficio o pérdida sea alterable, manipulable. Pero conociendo las reglas de elaboración, el viaje hasta el beneficio es más sencillo de realizar. Es más, sin el conocimiento de dichas reglas es como andar sin brújula por el desierto.
Bien equipados con el conocimiento de las normas de elaboración de la información financiera, iniciamos el descenso por la cuenta de resultados. En el camino hasta llegar al beneficio neto tenemos parajes interesantísimos, aunque en esta entrada no nos detengamos en todos.
Partiremos desde los ingresos y pasaremos por los gastos más directamente ligados con la operativa de la empresa: coste de ventas, los gastos de personal, los comerciales, etc. Evidentemente, siempre nos podremos encontrar alguna peculiaridad en esta primera parte del viaje. Especialmente atentos al reconocimiento de los ingresos, no en vano la NIC 18 está completamente dedicada a este asunto.
Aunque en la mayoría de las ocasiones no aparece reconocido, el EBITDA (Earnings Before Interests, Taxes Depreciation and Amortization) es una cifra importante en el análisis de una cuenta de resultados. Es curioso que sin existir ninguna norma sobre su cálculo, lo que da lugar a muy diferentes criterios de elaboración, este es un concepto con numerosísimos adeptos. No obstante tiene sus limitaciones como merece la pena leer en el excelente informe de Moody´s de hace unos años, Putting Ebitda in perspective. En cualquier caso, próximamente nos detendremos en él.
Otro punto especialmente relevante, y más en estos tiempos que corren, son las Amortizaciones y Provisiones. Son interesantes porque, frente a otros gastos, su reconocimiento es más discrecional, más sujeto a interpretaciones que otros.
Una empresa puede minorar sus provisiones durante cierto tiempo con el fin de no reducir su beneficio. Asimismo, las provisiones también están íntimamente unidas a la pérdida de valor reversible de los activos. En España tuvimos un caso flagrante con Banesto en el año 1993, cuando, una vez intervenido por el Banco de España, reconoció unas provisiones de algo más de 2.000 millones de euros. Un año antes las provisiones habías ascendido a 150 millones de euros, en un intento de mantener un beneficio artificial (en el año 1992 el beneficio ascendió a 120 millones de euros)
Tanto las amortizaciones como las provisiones crean un embrujo especial, al ser gastos que no implican una salida directa de caja. Las explicaciones sobre lo que son unas y otras han generado enorme cantidad de literatura, en muchos casos, buscándoles un significado alejadísimo de la realidad (como eso de que amortizar genera fondos…)
El beneficio obtenido hasta aquí es el beneficio de las operaciones de la empresa, sin tener en cuenta lo generado de manera no recurrente, los financieros y los impuestos.
En nuestro viaje al centro de los estados financieros habrá que muy atentos a los Resultados de operaciones de discontinuación. Son plusvalías o minusvalías no recurrentes, pero que en un determinado momento pueden salvar el beneficio neto. Mal asunto si los crecimientos del beneficio final vienen únicamente dados por esta partida.
Los resultados financieros (ingresos y gastos financieros) están ligados a la posición financiera neta de la empresa. Así, elevados gastos financieros implican la presencia de elevada deuda, mientras que ingresos financieros, implicarán una situación de excedente de liquidez colocado en diferentes activos financieros. En las empresas en expansión o crecimiento con fuertes necesidades de inversión y poca generación interna de fondos, esta partida suele ser importante. También a día de hoy podemos encontrar elevados resultados financieros negativos (gasto) en, por ejemplo, gran parte del sector inmobiliario que, durante estos últimos años, ha crecido a base de deuda.
Tan sólo nos quedaría restarle los impuestos para llegar al primer destino de nuestro viaje: el beneficio neto. Lo fundamental para llegar aquí es comprender que se han tenido que hacer numerosas interpretaciones que dan lugar a unas cifras cuya combinación, sumando o restando, son el beneficio. Hemos realizado parte del viaje, pero debemos continuar. Próximo destino: el balance. Continuará